Por: José Francisco Peña Guaba

Vivimos en un país caro, muy caro, carísimo. No sé,en verdad, cómo nuestra gente subsiste en medio de una pérdida absoluta del valor del dinero. Penosamente, los que llevamos la peor parte somos losde la supuesta clase media, quienes resistiendo para no caer en la clase baja entonces caemos en la trampa voraz del empresariado y el Estado.

Estamos ante una verdadera y demencial locura en la que cada día todo es más caro, donde los precios de todo cambian día a día y el que no compró hoy un artículo, mañana lo comprará a otro precio.

Díganme qué es barato aquí, siquiera a precio justo. ¡Nada! La ruta de gastos de un día cualquiera obliga a preguntarse qué está pasando en nuestra patria. Será que quieren que los pobres o la clase media no existan,porque como va esto le dejaremos esta media isla a la oligarquía, que son los únicos que, sin chistar,soportan los gastos de este nuestro inasequible país.

Hace unos tres días se me ocurrió llevar con exactitud y detalle los gastos de un día. Claro, siempre verifico lo que gasto, apuntándolo todo en una libreta para esos fines, solo que quise ver en detalle el círculo infernal de la sobrevivencia. Veamos lo que resultó.

La cocinera, Doña Kika, junto con el desayuno me ofreció la noticia de que se había acabado la compra. Pero hacía pocos días había hecho una, de manera que le repuse lo que pidió, aunque me advirtió que “eso no da para mucho”. Nada, en ese momento mis posibilidades no daban para más. Pero al terminar de desayunar me di cuenta de que llevando la dieta (yogurt, salmón de pavo y pan integral) había gastado casi 500 pesos solamente en la primera comida del día.Sin duda que hacer dieta es cosa de ricos.

No bien terminé el desayuno me traen los pagos de los servicios de la casa: me tiraron a la cama un recibo por 23 mil pesos de electricidad, en una casa donde solo se enciende el aire acondicionado de mi habitación o de mi oficina. Será que Edesur piensa que es una fábrica que hay aquí.

Siguió la ruta del gasto con 6 mil de mantenimiento de la Junta de Vecinos que se encarga del residencial; 4,500 porque hay que limpiar el patio, 4,300 de teléfono e Internet, de agua y basura 1,400… además de que se estaba acabando el gas de cocina y a la compañía se le debía una factura de casi 5 mil… ah, el cable otros 2 mil y lavar el carro 350 más la propina, sumando 500 pesos. ¡Y eso, todavía no he salido de la habitación!

Cuando me monto en el vehículo, el chofer, Orlando,me da la noticia de que “hay que echar gasolina”. “Bueno, pues párate en la bomba”, le respondí. Se me ocurrió decirle al bombero que llenara el tanque… pero cuando me dijo “6 mil” ¡solo pensé en mi amigo Ito y su bendita fórmula! Y entonces, en ese mismo momento me llaman de la  casa para decirme que se debía pagar el combustible de la planta eléctrica. ¿La factura? 4,300 pesos más.

Por supuesto, un clase media que se respete siempre necesitará tener un inversor y planta eléctrica, porque las “edes” atracan a los clientes cobrando a precio prohibitivo un servicio “a medias”, pues a cada rato se va la luz.

No bien resueltos esos gastos, me llama otro asistente para decirme que ese mismo día se vencía una de las seis cuotas del seguro del vehículo. Pregunto cuánto es y responde: 18,600 pesos. ¡Pero ofrézcome, tener un vehículo es tan caro como mantener una segunda base!

Al salir de la bomba pasamos a recoger unos medicamentos a la farmacia, que según entiendo deberían durar por lo menos un mes. Solamente debo pagar la diferencia porque tengo un supuesto buen seguro médico. Cuando me pasan la factura, como paciente asegurado me tocaron pagar 12,600 pesos. ¡Pero Dios mío, qué es esto!! Entonces me responde la joven que me atendió, que “la caja de pastillas para la presión dura una semana y valen casi 2mil pesos”.