Unas 30.000 personas viven sin casi nada en Anse-a-Pitrés, una de las tres puertas que conectan a los dos países de La Española

“Intentamos que se sientan a gusto. Que no sea algo temporal, sino una residencia de la que presuman”, expone Juan Bilbao, uno de los voluntarios que pasa largas temporadas en el hogar. Muchos de los asistidos llegan después de sufrir violaciones o abandono.