La semana pasada hubo una guerrita de encuestas sin valor científico y de nula credibilidad, pero válidas para posicionar al que paga y disminuir a su contrario. Aunque no pasaron de ser escaramuzas, me motivaron a leer lo que la flamante Ley del Régimen Electoral dice en sus artículos del 198 al 201 sobre encuestas y sondeos de opinión electoral, y me satisfizo comprobar que para muchas de esas encuestadoras, algunas fantasmas, su carnaval está a punto de pasar porque deberán estar registradas en la JCE y ésta conocer de antemano hasta el más mínimo detalle de cómo se realizó la medición. Parecen exagerados los requisitos, que abarcan los boca de urnas, pero es una manera de poner freno a lo que ha devenido en un relajo.