La República Dominicana desarrolla 33 proyectos mineros en la zona fronteriza –ya
otorgados o en trámites por la autoridad sectorial-, que constituyen el 9% del total de los
proyectos actuales del país. Los derechos cubren un área de 1,329 km2
, el 17% de la
superficie de los derechos mineros a nivel nacional y el 16% de la superficie de las cinco
provincias fronterizas (Monte Cristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales). En
la zona norte de la frontera los proyectos son de exploración y/o explotación de minerales
metálicos principalmente, como oro, plata, cobre, zinc, plomo; y en la zona del sur, la
mayoría es mineral no metálico, principalmente roca caliza.
Tres de los cinco proyectos mineros de mayor superficie de la República Dominicana se
localizan en territorio de la frontera, tal es el caso del proyecto Neita Fase I -cuya propiedad
delimita la frontera con Haití en una extensión de 226 km2
, siendo el segundo proyecto de
explotación más grande del país y el mayor localizado en la zona de la frontera. La
operación es realizada por la compañía canadiense Unigold Resources Inc. desde octubre
de 2002, bajo contrato de concesión del Estado dominicano para la exploración de oro,
plata, zinc, cobre y minerales asociados.

Restauración Dajabón.-  El espacio territorial de la frontera entre la República Dominicana y Haití aloja una de las reservas minerales más grandes del mundo, y conjuntamente, alberga la principal fuente de agua de la isla Española: la cuenca más importante de Haití -la naciente de la cuenca del rio Artibonito-, y también, la cuenca más importante de la República Dominicana -la desembocadura del rio Yaque del Norte.

 Es una zona fuente de soporte ambiental para la reproducción de la flora y fauna de toda el área del Caribe, por su gran riqueza y diversidad de ecosistemas y hábitats, tanto en variedad de suelos y sustratos ecológicos, como por las condiciones climáticas y relieve del paisaje. La frontera dominico-haitiana tiene una extensión aproximada de 390 kilómetros -desde la desembocadura del río Dajabón (o Masacre para los haitianos) en el extremo norte de la isla, hasta la desembocadura del río Pedernales en el sur-; y un espacio constituido por recursos mineros y acuíferos, cuyas ventajas de competitividad local para el crecimiento económico, precisan de acciones específicas de políticas de desarrollo sostenible.

 Las iniciativas de inversión para el desarrollo de la industria minera que encamina tanto la República Dominicana como Haití, comprometen el ambiente natural e introducen presión de competencia sobre el recurso agua. La zona de frontera presenta un fuerte deterioro medioambiental con una considerable merma de la foresta, por la situación de alto nivel de pobreza y una débil gobernabilidad para la protección de los recursos naturales y enfrentar los efectos del cambio climático.

 El uso irracional de los suelos en la agricultura de subsistencia y del carbón o leña como fuente de energía, ha aumentado progresivamente la deforestación, impactando la erosión de los suelos y la capacidad de filtrado de las cuencas fluviales hacia el suelo y el subsuelo, en un agotamiento de los ríos, que desaparecen en periodos de sequía.

 En el lado de la República Dominicana la situación se ha ido revirtiendo a partir de un programa de recuperación que logró ampliar de 12% a 39.7% el total de la superficie boscosa, aunque la mejoría es más lenta en las provincias de la frontera; mientras que en Haití la situación es muy compleja, ya que la cubierta forestal representó en 2013 sólo el 3.6% del total de la superficie boscosa, según datos del Banco Mundial.

 El deterioro ambiental del lado haitiano de la frontera se explica por la explosión demográfica que experimenta la zona con una población en condiciones de pobreza extrema.

Los Departamentos fronterizos de Haití presentan mayor crecimiento poblacional que el resto, mientras el crecimiento anual por región es de 1.3%, las comunidades fronterizas crecen en cerca de 28%, y en el caso de la ciudad de Ouanaminthe donde el comercio con la República Dominicana es muy dinámico, el crecimiento poblacional alcanza 45 %, empujado por la movilidad que se deriva de las oportunidades de ingreso.