Las más recientes tragedias originadas por conflictos humanos y el furor de la naturaleza, ocurridos en Haití durante los últimos 51 días, parecen un empalme de eventos combinados que arrastran a la ruina total a ese empobrecido país.

Atrapado durante siglos en sus vaivenes por edificar y sostener su convivencia, lo que ha prevalecido allí es un insalvable patrón de magnicidios, golpes de Estado, corrupción, calamidades naturales y epidemias.

Y a esta hora, Haití aún sigue siendo una gran olla a altos grados de ebullición política, sin siquiera conjeturas de un enfriamiento.

Desde el 7 de julio pasado a la fecha, a los haitianos les asesinaron a su presidente, luego les devastó un potente terremoto, más seguido cayó sobre ellos una tormenta y, sin darles pausa para reponerse, se registra ahora una escalada de infecciones y más muertes por Convid-19, cuando todo parecía atascado.

Pero eso no es todo, porque de entre desgracia y desgracia, Haití vive otra sacudidaal conocerse el kilotónico reporte sobre el magnicidio del presidente Jovenel Moise elaborado por la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos, abriendo un nuevo capítulo respecto a su futuro impacto político y social en el país vecino.

Por ahora, el tema dominante en Haití sigue siendo la investigación sobre el asesinato de Moise, aunque nadie se atreve a predecir sus resultados.

Esto preocupa y se agrega a otro frente relacionado con la operatividad del gobierno del primer ministro Ariel Henry, que tiene poco que ofrecer a la inmensa masa pobre haitiana con pírricos recursos en arcas para encarar los problemas diarios de su pueblo y, peor aún, no podrá valerse de la ayuda exterior comprometida para remediar lo dañado y destruido.

Con relación a la situación política, Haití sigue enredado en su compleja maraña, ahora más complicada con el curso de la pesquisa sobre el crimen de Jovenel Moise. Toda sigue girando ahora allí alrededor de este caso.

El miércoles 7 de julio, el presidente Jovenel Moïse fue asesinado a tiros cuando un comando armado irrumpió de madrugada en su residencia privada en Pèlerin, Puerto Príncipe.

A día de hoy, 51 días después desde ese crimen que sumió al país en una nueva crisis política y social, siguen muchas interrogantes, pocas respuestas y una investigaciónque en el ámbito de justicia provoca más miedo que interés por su avance y solución. Hay mucha confabulación, muchos intereses económicos y políticos en el ruedo y, en la parte más oscura de todo esto, sectores dispuestos a amenazar, perseguir y matar, antes que dejar se conozca toda la verdad.

Por el momento, hay decenas de detenidos, entre estos 26 colombianos, varios agentes de la seguridad presidencial y un empresario haitiano radicado en Florida, aunque todavía persisten muchas dudas en la población sobre las indagaciones en marcha.

Una muestra de esto es una declaración de Pierre Espérance, el director ejecutivo de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos, que asegura el actual ministro de Justicia y Seguridad Pública, Rockefeller Vincent , es “un obstáculo” para el avance de la investigación sobre el asesinato de Moïse.

Lo acusa de no haber ayudado a arrestar a Joseph Badio, uno de los cerebros del crimen, de quien asegura también es “su mano derecha”.

Ariel Henry en la mira
Y para medir cuán delicada es la situación, Espérance también ha sugerido que el primer ministro Ariel Henry habló con Joseph Badio “antes y después del crimen”. La última vez que esto habría ocurrido, agregó, fue el 7 de julio, entre las 4:00 y 4:20 de la madrugada.

En las altas esferas del poder haitiano hay problemas para adelantar la investigación, conociéndose ya de amenazas de muerte enviadas a los secretarios judiciales que colaboran en el caso.

Varios funcionarios haitianos han sido amenazados de muerte desde que arrancó la investigación. Tal es el caso de Carl Henry Destin, un juez de paz que documentó la casa y el cuerpo de Moïse, pero dos días después tuvo que esconderse.

Un informe impactante
Un reporte de 13, 329 palabras publicado por la Red Nacional de Derechos Humanos sobre el crimen de Jovenel Moise establece que el mandatario habría sido “entregado” por los responsables de seguridad para su asesinato.

“Para llevar a cabo su macabro plan”, anota, “los autores intelectuales y materiales de este asesinato pudieron contar con el apoyo de, al menos, dos de los responsables de la seguridad presidencial, a saber, el comisario de división Jean Laguel Civil y el comisario municipal Dimitri Hérard”. Así, ha detallado que Hérard habría sido el encargado de proporcionar armas, gas lacrimógeno, granadas o sierras eléctricas a los miembros del comando que asesinó al mandatario en su domicilio, mientras Laguel habría sobornado a los agentes asignados para la seguridad del presidente.

Además, agrega, semanas antes del magnicidio el comisario municipal habría ordenado retirar de la casa de Moise un vehículo con armas y municiones estacionado en el patio del domicilio donde ocurrio el ataque.

Gary Orélien es el nuevo juez para instruir el asesinato de Moïse, cuya designación sigue a la retirada, el 13 de agosto de 2021, del juez de instrucción Mathieu Chanlatte, denunciado por decisiones sospechosas por organizaciones de derechos humanos.

Males: sismo y tormenta
Como parte de sus desgracias, un sismo de intensidad 7,2 ocurrido el 14 de agosto afectó a las ciudades Jérémie y Les Cayes, en el suroeste de Haití, reduciendo a escombros casas y edificios, dejando un saldo fatal de más de 2,000 muertos y por encima de los 10,000 heridos.

El mayor impacto se sintió en la ciudad Les Cayes, con una población de alrededor de 126.000 habitantes, donde un hotel importante y otros edificios se derrumbaron.

Partes del país se enfrentan ahora al hambre y a servicios de salud abrumados por la pandemia del Covid-19.