¿Qué llevó a José Francisco Peña Gómez a bajar la bandera de una crisis prolongada de consecuencias impredecibles y cambio legar el compromiso de transformaciones institucionales denominado Pacto por la Democracia?

Su amor por el país y el convencimiento de que la vida se le acortaba, porque aunque no era de manejo público como ocurrió años después él se sabía enfermo, y su adversario tenía conocimiento de su percance de salud.

En las elecciones presidenciales de 1990 se había producido lo que el profesor Juan Bosch bautizó como un fraude colosal, unas elecciones que en las encuestas se proyectaban ganadas por el PLD, que arrasó a nivel nacional en el Congreso y los municipios, resultaron ganadas por Balaguer en las presidenciales, resultado que el opositor no acogió y llamó a la desobediencia civil, pero no recibió respaldo de masas.

La razón, esos votos con los que el PLD desempeñó tan buen papel en las elecciones de 1990, no eran propios sino producto de la coyuntura creada por la división del Partido Revolucionario Dominicano, entre Jacobo Majluta y Peña Gómez, que luego regresaron a su nicho, logro que el  líder perredeista alcanzó por una condescendencia de Balaguer al favorecer que la pugna por el control de la siglas se decidiera en favor de José Francisco Peña Gómez, permitiendo incluso que dirigentes que se habían ido al exterior huyendo de procesos judiciales por corrupción regresaran al país sin riesgos de apresamientos.

Sin embargo, el factor que le permitió proyectarse como el político que estaba en capacidad de desalojar a Balaguer del poder fue levantar el alegato de que Peña Gómez no era Juan Bosch, que se había dejado robar unas elecciones, pero resulta que cuando le ocurrió algo similar actuó de manera más pacífica que su maestro. De ahí parte la pregunta inicial.

Un párrafo de la misiva que Peña Gómez dirigió a Balaguer, tiene una comparación que es algo más que metafórica: “una crisis política es para la sociedad como una dolencia de un enfermo que reclama una operación de emergencia”.

En ese momento estaba enferma la sociedad, por la crisis postelectoral y Peña Gómez era como el enfermo que reclamaba atenciones inmediatas, como puede leerse en este perfil biográfico de Wikipedia:

“Poco después de 1994 comenzaron los primeros síntomas del cáncer pancreático que aquejaba a Peña Gómez. La enfermedad cedió después de un tratamiento en los Estados Unidos. Más tarde, el cáncer reapareció, y Peña Gómez pasó la mayor parte del resto de su vida yendo y viniendo entre Santo Domingo y Nueva York, donde fue sometido a tratamiento médico. Finalmente murió de un edema pulmonar el 10 de mayo de 1998 en su casa de Cambita Garabitos, San Cristóbal, 6 días antes de las elecciones congresionales y municipales donde se postulaba como síndico de Santo Domingo. Su deceso provocó una conmoción generalizada en el país y sentidas muestras de dolor por parte de sus simpatizantes y gente del pueblo se evidenciaron en su velatorio y sepelio, convirtiéndose este en el más concurrido en la historia política reciente”.

Eso lo confirma el hecho de que poco días después de la firma del Pacto por la Democracia, saliera a chequeos urgentes en Cleveland, Estados Unidos.

Sabía que probablemente le tocaría el viaje postrero sin alcanzar la presidencia de la República y con las transformaciones pactadas legaba a la democracia por la que tanto luchó mecanismos de fortalecimiento.