san juan de la Maguana. Los controles migratorios para detener la entrada de haitianos indocumentados son casi una quimera, porque la presencia de esos obreros es imprescindible para las actividades agropecuarias que se realizan con métodos tradicionales, no tecnificados.

Para la siembra, limpieza y recolección de habichuelas, maíz, guandul, batata, lechosa, limones, carga y descarga, secado y procesamiento de arroz, a diferencia de épocas anteriores, el ciento por ciento de esas actividades son realizadas por haitianos en esta provincia.
Son tan necesarios, que a diferencia de épocas anteriores, cuando los empresarios de esas aéreas les pagaban a los dominicanos RD$300 por jornal y a los extranjeros RD$150, ahora se volteó la tortilla, pues son los haitianos que establecen el precio y exigen RD$500 por jornada de 8 horas.
Quien no accede pierde el cultivo en el campo, o no ordeña las vacas: paga o ruega.
Desde los primeros rayos del sol, por calles, callejones y carreteras que intercomunican esta provincia con secciones, parajes y distritos municipales solo se observan a grupos de haitianos portando azadas, machetes, picos y palas, ni un solo dominicano, introduciéndose en parcelas, fincas, factorías y en edificios en construcción para apartamentos y en casas individuales.

También esos “nacionalistas, patrioteros”, deberían incursionar en la actividad empresarial, sembrando rubros de consumo masivo, o en la construcción de viviendas, así quizás sabrán por donde le entra el agua al coco.

De la única manera que se reducirá a su más mínima expresión la presencia de obreros haitianos en este país es si desaparece la actividad agropecuaria y la construcción, o que, en su defecto, ambas se realicen con tecnologías mucho más avanzadas.