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De políticos, liderazgo y corrupción

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El sometimiento a juicio y la orden de arresto –que no se puede cumplir de golpe y porrazo por la inmunidad que le otorga su condición de senadora— de la ex presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, no es más que otra banderilla sobre el costado del maltrecho sistema político, y de los políticos del continente.

Desde que Alberto Fujimori fuera destituido como Presidente de Perú, en el 2000, acusado de ‘incapacidad moral para ejercer el poder’ –-para no remontarnos a los casos de Fernando Collor de Mello o Carlos Andrés Pérez, en Brasil y Venezuela en los ’90— una veintena de presidentes y ex presidentes han sido destituidos por acusaciones de corrupción, varios de ellos arrestados y condenados, otros en condición de acusados y/o de prófugos bajo la modalidad de los ‘golpes constitucionales, que vinieron a sustituir la bota militar –los últimos fueron el fallido contra Hugo Chávez  (Venezuela), Jamil Mahuad (Ecuador, 2000), Manuel Zalaya (Honduras, 2009).

Por ‘golpes constitucionales’ fueron derrocados los presidentes Lucio Gutierrez (Ecuador, 2005), Fernando Lugo (Paraguay, 2012), Otto Pérez Molina (Guatemala, 2015)), Dilma Rousseff (Brasil, 2016), Pedro Pablo Kuczynski (Perú, 2018), mientras  varios ex presidentes andan prófugos, como Alejandro Toledo, de Perú, y Rafael Correa, de Ecuador.

En otra esquina de la ignominia que afecta a la clase política latinoamericana, por lo menos una decena de ex presidentes están presos y/o en juicios por acusaciones de corrupción durante sus administraciones:

  • Luis Ignacio Lula da Silva (Brasil, 2003-2010), condenado por corrupción a 12 años de prisión en 2018;
  • Alvaro Colón (Guatemala, 2008-2012) acusado de fraude y peculado en la compra de autobuses públicos en 2009, preso desde febrero 2018;
  • Elías Antonio Saca (El Salvador 2004-2208), acusado de enriquecimiento ilícito de unos $4 millones de dólares, arrestado en febrero de 2018;
  • Rafael Leonardo Callejas (Honduras, 1990-1994) se declaró culpable de conspiración con el crimen organizado y fraude electrónico ante una corte de Nueva York;
  • Ricardo Martinelli (Panamá, 2009-2014) acusado de una veintena de casos de corrupción durante su gestión (extraditado de EEUU espera juicio);
  • Mauricio Funes (El Salvador, 2009-2014) acusado de desviar unos $8,424 millones de dólares, actualmente vive bajo refugio político en Nicaragua;
  • Miguel Angel Rodríguez (Costa Rica, 1998-2002), condenado a cinco años de prisión por corrupción y sobornos multimillonarios en un contrato de telefonía celular;
  • Jimmy Morales (Guatemala, actual presidente), señalado por la ONU y la Fiscalía de su país por evasión de $1 millón de dólares a la autoridad electoral en la campaña de 2015;
  • Francisco Flores (El Salvador, 1999-2004) acusado de malversación de fondos públicos por unos $15 millones de dólares;
  • Rafael Calderón Fournier (Costa Rica, 1990-1994), condenado a cinco años de prisión en 2009 por corrupción al recibir comisiones en la compra de $40 millones de dólares en equipos médicos.

Se acabó el tiempo de los grandes líderes continentales, de verdaderos luchadores por la democracia y el desarrollo de sus pueblos, como un Rómulo Betancourt (Venezuela), José Figueres (Costa Rica), Luis Muñoz Marín (Puerto Rico), Eduardo Frei (Chile), Juan Bosch, Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez (República Dominicana). Los grandes líderes han sido relevados, desgraciadamente y con algunas excepciones, por una camada de políticos populistas, narcisistas, corruptos.

El panorama es difícil para la clase política continental, donde  todo el que llega a presidente está condenado a ser cuestionado, acusado y hasta encarcelado luego de abandonar la jefatura de gobierno, cuando no sacado del poder por sus segundos, con colas tan largas como a quienes desplazan, como son los casos de Michel Temer como sustituto de Dilma Rousseff (Brasil) o más reciente, el relevo de Pedro Pablo Kuczynski por parte de Martín Vizcarra (Perú).

Pero aún así, pese al descrédito y el ‘riesgo’ que sufren los políticos que llegan a las posiciones de poder –no solo a presidentes, sino también a legisladores, gobernadores, alcaldes, etc.- las encuestas internacionales y las votaciones de los pueblos en las urnas, continúan dando un voto de confianza a los políticos, hasta aquí.

 

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